martes, 6 de octubre de 2015

Ni soy de aquí, ni soy de allá


Jorge A Jorge Batista                                               

Hoy más que nunca, no solo se encuentran los emigrantes de todo el mundo sobre el tapete, en primera plana, y hasta como el plato del día. El que emigra, encuentra a  su arribo diversos retos entre ellos: idioma, desempleo, y muchas veces acceso a vivienda adecuada . Los más afectados, fuimos los que arribamos antes de los años 60.

 Migración humana, es el perpetuo movimiento, en que ciudadanos del planeta,  salen en busca de mejor forma de vida. Muchas veces de forma legal y ordenada y otras  de forma violenta e involuntaria. Prueba de ello, es la estampida de millones de refugia-dos de Siria hacia Jordania. Hasta ahora, Occidente por su tolerancia de cultos y sistemas de gobiernos mayormente democráticos, no experimenta esa amenaza. Una muestra mas de lo delicada y frágil de la situación de emigrantes en todas partes del mundo, es lo recién ocurrído a ciudadanos colombianos en la frontera con Venezuela.

En toda sociedad organizada - a muchos le cuesta entender eso- es un requisito y más el  compromiso de que el emigrante, demuestre ser meritorio de haber sido admitido, de lo contrario y hasta entonces será considerado un ciudadano de tercera clase.  Hay  a quienes se les facilita aprender el inglés y a otros le cuesta, o nunca lo aprenden. Tiene mucho que ver con la preparación que traen de sus países. Aprender un idioma, signifíca entrar a explorar un mundo nuevo, desconocido y nada fácil.

El País nos abrió sus puertas y en la mayoría de los casos, gozamos de iguales derechos, protección y privilegios, bajo la vasta carpa de sus leyes. Es posible que cuando decimos no ser de aquí,  que sea interpretado esto de forma errónea. La verdad y lo cierto es, que nuestro corazón, lealtad y orgullo de patria, están divididos en dos.

Lo mismo sucede cuando decimos que ya no somos de allá. Son muchas las razones que inciden, y nos llevan a sentirnos y hasta pensar asi. Lo primero, el lamentable hecho de haber – por diferentes motivos,  hemos tenido que abandonar la tierra que te vió nacer. A esto se agrega el haber llegado temprano, madurado y haber levantado familia aquí; etapa esta que llena de orgullo, por haberle dado al país, responsables y útiles ciudadanos.

Lo que sí nos entristece, y no podemos evitarlo, es que la mayoría de nuestros herma-nos, vecinos y amigos ya no están. Corremos un riesgo, y aún así caminamos sus calles, no conocemos a nadie, y nadie nos conoce. Ahí es cuando deseamos que el tiempo se detuviera y que los nuestros no se hayan ído. La Vega, es en lo que más pienso, pero el País, en toda su extensión, también nos preocupa. El deterioro y el desinterés en la conservación del medio ambiente, no es solo  criminal, sino un descabellado atentado contra la naturaleza misma.

Tenemos un país cuyo suelo y ríos están contaminados, un sistema eléctrico caro y deficiente, y un sistema de salud paupérrimo. Es por ello y por razones de salud, que cuando visito el país, me aseguro de llevar suficiente agua para tomar. Esto me hace sentir como el hombre de la Emulsión de Scott, con el bacalao a cuesta. Sobre todas estas cosas tenemos un presidente, que no podría aspirar a locutor o cantante, ya que nadie conoce su metal de voz.

Algo me pasa: “Cuando veo el izar de nuestra bandera,  se humedecen mis ojos”.
                         “ Al oir las notas de nuestro Himno Nacional, se crece mi pecho, y se me
                         engranoja la piel”.
                         Entonces es cuando me doy cuenta que “Soy de aquí y Soy de allá”.

chiconino@msn.com





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