lunes, 4 de abril de 2016

El fantasma atroz de la violencia electoral

Por Ángel Garrido
 
Salvador Dalí llegó a rezongar un día: “Cada vez que se muere un amigo mío, yo, como buen jesuita, creo que soy quien lo mató”. Hacer campaña electoral con un muerto es una de las manifestaciones más bajas que del morbo público pueda existir. Se irrespeta con ello a partes iguales a la figura del muerto, a la de sus familiares, a la de sus compañeros de partido y al país entero.
El nuestro es el Partido de la Liberación Dominicana que en noviembre del año pasado, a un mes y dos días del cuadragésimo segundo aniversario de su fundación, vivió la desventura de traer al mundo a sus primeros dos muertos consecuencia de un fratricidio partidista.  Por primera vez en 42 años nos ocurría semejante tragedia. Como era de esperarse en el PLD, la comisión encargada del área electoral de nuestro partido rindió un informe detallado de los hechos y con el respaldo pleno del Comité Político procedió a la expulsión deshonrosa de nuestras filas de las personas envueltas en tan bochornosos incidentes.

A partir de las medidas tomadas por la Comisión Nacional Electoral del PLD, y desde luego tan pronto ocurrieron los hechos desgraciados por su naturaleza misma, el caso quedaba en manos de la justicia como uno de los poderes fundamentales del Estado. 

El Partido Revolucionario Moderno, desprendimiento reciente del PRD, participa por vez primera en una campaña electoral. La semana pasada tuvo la tragedia de vivir su primer fratricidio partidista, que hoy nos enluta a todos los dominicanos. Ha muerto en las filas opuestas a las nuestras un hombre merecedor del respeto y de la admiración de su pueblo. Tenía el mérito inusual de haber entrado en la universidad pública como barrendero y de haber salido de ella como su rector magnífico. Y tenía otro mérito aún más difícil de alcanzar: el aval de quienes le trataron de cerca. Nunca tuve la fortuna de verlo en persona; pero tanta gente me habló bien de él que abrigué el deseo de tenerlo como amigo. Nuestro sentido pésame a sus familiares y a sus compañeros de partido ajenos a la conmovedora tragedia que puso fin a su vida.  

El jesuita daliano detrás de la muerte electoral el año pasado de los compañeros Yeral Pérez Pérez y Erasmo Antonio Espinal, así como de la del exrector de la UASD Mateo Aquino Febrillet la semana pasada, somos todos unidos en la negligencia de no haber hecho lo suficiente para enfrentar el sectarismo partidista que medra en las buenas costumbres. Ellos solos se murieron, y entre todos los matamos.

El fratricidio partidista no debería de llevarse en la presente campaña a ningún otro dominicano: ora militante, ora dirigente, ora candidato, ora simple espectador de un acto político. Los potenciales homicidas deberían de tener presente que con el disparo fratricida u homicida cercenan para siempre sus posibilidades electorales. Los pueblos que no están regidos por una dictadura cruenta no sufragan en favor de asesinos convictos. 

En lo que a la campaña que llevamos a cabo los peledeístas respecta, debería de servirnos de motivo bastante para reclutar adeptos las realizaciones alcanzadas durante los 16 años de gobierno que desde su fundación hace 42 ha ejercido el PLD. Esos números y esas fechas significan que Juan Bosch y quienes le siguieron fundaron en 1973 un partido que durante 23 años había de forjarse en la dura y en ocasiones brutal fragua surgida luego de la guerra civil y patria de abril de 1965. 

Esa proeza de gobernanza llevada a cabo por el PLD a partir de 1996, exceptuado desde luego el cuatrienio 2000-04 que correspondió al PRD, ha sido posible gracias a que nuestro fundador y líder histórico jamás descuidó la formación política de quienes han tomado las decisiones claves en los gobiernos peledeístas. Tanto no la descuidó que el 28 de marzo de 1990, 49 días antes que su pueblo lo eligiera por segunda vez presidente del país, Juan Bosch publicaba el Tomo I de su libro Temas económicos.

Hay sobre la faz de la Tierra buenos especialistas en historia mundial, a la que por inercia idiomática solemos referirnos como historia universal, como si alguien supiera lo que ha pasado en las demás galaxias del universo. Un especialista en historia universal que nos diga entonces si hay otro lugar en el mundo en el cual un candidato presidencial escriba libros imperecederos a dos meses de las elecciones.

Ése era Juan Bosch. ¿Qué les parece? ¿Pensaba en ser presidente de la República por la vanidad de serlo o pensaba en cambio en que su país se merecía los buenos gobiernos que su partido ha postulado?

Pensaba Bosch en el buen manejo de la economía como prerrequisito para poder llevar a cabo las impostergables conquistas sociales que demanda nuestro pueblo. Recordamos la crisis económica estadounidense de 1982 y la preocupación del compañero Juan Bosch porque los peledeístas que acá residíamos le proveyéramos información al respecto. Quería desentrañar su posible consecuencia en la economía dominicana, minúscula si se la compara con la estadounidense.

Al llegar a las páginas 139 y 140 de la obra citada, nos alumbró el camino con palabras que tipificaban la originalidad, sencillez y profundidad de sus juicios: “Los efectos sociales y políticos de la devaluación de la moneda en cualquier país del tipo de la República Dominicana pueden ser comparados con los de un terremoto. Los Estados Unidos pueden devaluar su dólar dos veces en menos de un año y allí no pasa nada porque las reservas norteamericanas en capacidad productiva y en monedas extranjeras es enorme; pero ése no es nuestro caso”. 

El juicio podría parecer sencillo; y lo es. Pero también es sencillo el aire que en un día inhala un hombre del ambiente que lo circunda, y si le faltara por más de un minuto correría el riesgo de morirse, que no es chiquito. Los presidentes peledeístas han gobernado con esos preceptos boschistas en la cabeza, y el resultado de esa sencillez nos ha llevado a la complejidad de gobiernos que el pueblo evalúa buenos; y lo han sido.

Con los logros alcanzados por el presente gobierno, y el tesón de los compañeros que sufragan a su partido y que conquistan adeptos para que voten nueva vez por los compañeros Danilo Medina y Margarita Cedeño de Fernández, nuestra campaña ha de tener el éxito que esperamos. Y con el ejemplo, y las sanciones a los violadores como ya hizo nuestra comisión electoral, desterrar de nuestros actos la violencia física que priva de la vida a otros compañeros y enluta por siempre a sus hogares.

A los peledeístas nos sobra maestro y nos sobra escuela para desearles lo mismo a nuestros conciudadanos que militan en partidos opuestos al nuestro.  
Alexandria, Virginia, EE UU
15 de marzo de 2016


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