miércoles, 3 de mayo de 2017

MEMORIAS DE LA VEGA

La Vega en sus Tiempos de Retretas, la Tanda y  Wing Sang Long
Escrito por :  Jorge Jorge

clip_image002Carteret, New Jersey Escribir estas memorias significa remontarme a más de seis décadas,y quitarle uno a uno el polvo a los recuerdos de aquel pequeño pueblo, como era entonces; tan pequeña era la ciudad, que del parque Duarte en un cerrar de ojos, se se te mojaban los zapatos en el Camú, o te encontrabas debajo de la estatua de Don Gregorio Riva.

La Vega Real, era “ Gallarda y Majestuosa”- tenía su postín postín- su gente culta y distinguida. Tanto nativos como emigrantes de países europeos y asiáticos, formaban el motor que se encargaría de impulsar la economía, a la vez que vez que levantaban ejemplares familias.
Jorge A Jorge Batista De los emigrantes llegados, me vienen a la mente:el español y querido, Don Pelegrín Roberts, esposo de Doña Aleja Domínguez- dominicana- padres de la única hija Pilar, Doña Pilar Vda. Aude (EPD). Don Pelegrín se dedicaba al negocio de peletería, y la familia residía en la hoy Juan Rodríguez, unas cuadras antes de llegar a la estatua- como se decía entonces.

Por otra parte estaba la familia Aude, cuyo Patriarca era Don Manuel Aude, comerciante árabe, amado esposo de Doña Panchita Núñez de Aude, oriunda de Taveras. El comercio de telas de Don Manuel, siempre estuvo localizado en la hoy Juan Rodríguez, esquina Duarte.El matrimonio Aude- de un trato familiar con la familia Jorge- eran los padres de Manolo, Nagib, Nadin, César, Frank y las hembras Vira y Ramona. Doña Panchita era hermana del recordado comerciante Don Lolo y el Dr. Tobas Núñez. Doña Panchita era la madrina de mi hermana Gertrudis.

El venerado John Sang, que vino de la China muy joven - posiblemente emparentado con la familia Sang que se estableció en Santiago - escogió La Vega como cuna de su familia y terreno para sus negocios. El Royal Palace, para aquellos tiempos majestuosa estructura frente al parque Duarte fue su mayor aportación al comercio y carácter urbano de la ciudad. A pesar de venir de una cultura tan distante a la nuestra, logró vencer la barrera del idioma, llegando a ser uno de los hombres mas sociables y respetados del pueblo.

Otro querido comerciante, era José (el chino) con su tienda de zapatos en la Juan Rodríguez, frente al Dr. Castro y Dr. Domingo Mota. José era el padre de Miledys, una hermosa, simpático y ágil muchacha, “que corría descalza más que el carajo”
La entonces sociedad vegana, fiel a viejas tradiciones y costumbres de la época, se mantenía rígida y no se abría democráticamente a los diversos núcleos que la formaban. Abolengo y apellido- más que estatus económico- determinaba posición y participación social.

Los tiempos y las libertades alcanzadas se han encargado de suavizar estas líneas divisorias, pero no se ha conseguido evitar la perdida de valores, el respeto al prójimo, y las buenas costumbres.

Siempre se oía esta historia- de un nuevo rico - próspero, pero no culto comerciante vegano- que de alguna forma, y por su recién adquirida posición económica, logró colarse y evadir la “bola negra” de la alta sociedad vegana. En cierta ocasión, ya con derecho a la piscina de uno de los clubes privados, decidió refrescase dándose un tirón -para ello decidió enjabonarse, y al tirarse… “llenó la piscina de espumas de jabón”.

A pesar de las pocas ventajas y estrechez económica en que nacimos y crecimos, los que hemos llegado y vivido hasta aquí, celebramos y contamos con regocijo, la época inocente, que nuevas generaciones nunca conocerán.Un buen amigo, era más que un hermano, y un buen vecino, muchas veces más que un familiar. Se vivía entonces en una aparente calma, pero por debajo se podía oír el rugir de los leones-el aparato brutal de la dictadura, socavando y dividiendo la sociedad.

Sin embargo, quien menos tu creías,te delataba ante el aparato represivo del régimen con tal que te cancelaran de tu empleo, y así ocupar tu posición - te acostabas empleado de noche y amanecías al otro día sin trabajo;si es que no mal preso, podías fácilmente perder la cabeza. Esto lo digo no sólo por experiencia, sino por lo vivido por familiares y miles de dominicanos de todo el país.

Los años de mi niñez en esa, los llamaría yo “normales”, miembro de una familia de escasos recursos-como éramos la mayoría- sin embargo, quien sabe si esas mismas precariedades y desventajas, hicieron de nosotros mejores hombres y mujeres.

¡No puedo describir el placer que se sentía, cuando para jugar pelota tenias que hacer tu propia trocha y bate, hacer tus capuchines y chichiguas y asegurarte que pudieran volar!
Antes del arribo de la Penicilina, y diferentes antibióticos, era algo común ver mujeres y hombres con rámpanos y ulceras cancerosas en las piernas, mayormente procedentes de campos aledaños.Por igual, tanto en el pueblo como en los campos, personas adultas transitaban descalzos- eran tiempos en que muchos, no tenían ropa ni zapatos que ponerse.

No se quienes se acordarán que a menudo manadas de reses y recuas de caballos eran trasladados de una finca a otra, a través de la ciudad-para nosotros los muchachos divertido, pero muy peligroso.

La Vega de entonces si era culta de verdad.Se cultivaba la música, letras, las artes (artes manuales, economía domestica) y deportes. Mi familia tuvo la necesidad de emigrar, pero aquéllos que tuvieron la dicha de quedarse, pudieron disfrutar de la mejor enseñanza y de los mejores profesores de la época. La sociedad vegana llegó a tener agrupaciones musicales femeninas, y el teatro La Progresista fue escenario de famosas compañías teatrales extranjeras.

No obstante ,todo parece indicar que ya quedamos muy pocos veganos con el ánimo de recordar y escribir sobre la época inocente y hermosa. Cuando todavía la Semana Santa era motivo de resguardo y respeto, quien escribe, aunque pequeño, tuvo que caminar en muchas de las procesiones.Nunca olvido, la majestuosidad y solemnidad del guardia romano, con vestimenta del Vaticano-traje de rayas , casco y lanza.Me acuerdo que tenía los ojos verdes- usaba unas botas marrones y unas medias largas rojas (sin relación alguna, con Los medias rojas de Boston o Los pati-rojos de Cincinnati).

Los jueves y domingos en el parque, las retretas con “La mejor banda del mundo”, sus músicos todos con calidad de profesores.Su director Don Fellito Martínez Alba, “ Maestro de todo”, noble y ejemplar ciudadano- cuando de el hablamos podemos hasta percibir el olor de su pipa.Nunca será olvidado!En cierta ocasión- muy joven yo – en un almuerzo en La Vega, me tocó sentarme al lado del profesor, y este servidor, algo nervioso y sin saber de que conversarle, le ha preguntado: ¿Profesor… cuando es que el músico dominicano va a comenzar a componer buena música?, a lo que este me contestó: “Cuando pueda comer”.

Nuestra banda municipal siempre fue cuna y escuela de grandes músicos-muchos son para mencionarlos todos- pero sobresalen dos íconos, tal vez más relevantes por sus condiciones de “Batutas”. Ellos son Andrés Del Villar- alto de ojos verdes, pero majestuoso por su estilo y figura de un portero de Castillo ingles. Fue su sustituto, siendo aún muy joven, Papi Gómez Javier, quien a la vez adquirió el garbo y elegancia de su predecesor- Papi fue galardón distinguido de la banda hasta la hora de su partida, en este año 2012 (E.P.D.).

Las retretas y las tandas los domingos acaparaban no sólo la atención de jóvenes, sino de adultos también; en ellas se fraguaban las edades, clases sociales, mejor dicho, el pueblo en general.En ese aspecto lucía La Vega como una sociedad que avanzaba, y que solo exigía el buen comportamiento y correctos modales . Darle las vueltas al parque durante el concierto, eran de las notas mas importantes de la noche–si buscabas un amigo y querías encontrarlo… solo le dabas la vuelta al revés al parque y en la multitud que venía, ahí se topaban..

El grupo de muchachos nos pasábamos la semana recolectando los cheles como fuera, vendiendo botellas, para ir a la tanda, pero en la noche y durante un receso de dar carreras en en el parque- si es que lográbamos hacer un serrucho para ir al Wing Sang Long a saborear los sabrosos pie-cremas. Me acuerdo que la última vez que le pedimos agua al chino (tal vez por quinta vez esa noche) después de un pie-crema, este nos dijo, “Váyanse a beber agua al rio de Jamo”.

Aquellos que nacimos y crecíamos a finales de los años treinta, por lo menos yo,ahora puedo apreciar que vivíamos en una especie de gigantesca burbuja de jabón, a través de la que- tal vez solo los adolecentes- lo veíamos todo maravilloso, de múltiples colores, pero en mono-dimensión.Para nosotros La Vega con su Plazoleta era el mundo a toda su extensión, más allá de cuyas fronteras no había, ni podía existir otra cosa.

El cuento de las Sánchez. Las hermanas Sánchez, eran quienes hacían las famosas melcochas, en la casa de esquinas en la calle Cristino Ceno detrás de la vieja catedral. Su casa hacía dirección esquinada cercana con el Royal Palace, cuya cocina desprendía un olor a comida sabrosa. En el patio y entorno de la casa de estas, habitaba un hambriento ratón, que siempre soñaba con emigrar a comer mejor. El primer día que se decide a cruzar, y entrar por la cocina, lo primero que ve es un ratón atrapado y moribundo en una ratonera- asustado pega frenos, se da media vuelta y exclama:“ uuuhhh, mejoi a comei mieida p’a onde las Sánchez”.

Algunos me dicen, que acordarse de tantas cosas de antaño más qe lo actual, son las indiscutibles señales de Alzheimer, lo cual estoy en completo desacuerdo.¡CARAMBA!, esta mañana al levantarme me dirigía a buscar algo al refrigerador- al abrir la puerta, ya había olvidado lo que fui a buscar… ¡COJOLLOOOO!

chiconino@msn.com

1 comentario:

  1. Cuantos recuerdos! Que emocion; hasta se me hizo un nudo en la garganta.
    Gracias por compartir tanta nostalgia...

    Ester - Miami, FL

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