sábado, 20 de mayo de 2017

El teatro asiático de la tercera paz mundial

     Por: Ángel Garrido 

Si un tajalán de maneras distraídas se parara un día frente al Polo Norte, yacería al este suyo y allende el océano Atlántico y Europa el continente más extendido y poblado del planeta que nos contiene. Faltaban casi cinco siglos para que la virgen María alumbrara a Jesús cuando el historiador y geógrafo griego Heródoto quiso referirse a las tierras que estaban al este del mar Egeo y las llamó Asia, nombre que lleva desde entonces el continente que con 44 millones de kilómetros cuadrados representa el 8,7% del total de la superficie del planeta Tierra, el 29,45% de las tierras emergidas y sobre las cuales pisan 4,140 millones de habitantes equivalentes al 61% de la población total del mundo.
Al este de Asia yace una protuberancia terrenal que dobla en superficie a la isla de Cuba y que en habitantes casi iguala a la Alemania unificada de hoy. Hablamos de la península de Corea. Un país considerado por muchos etnólogos como el más homogéneo de todos. Daría mucha brega conseguir un pavo prieto que se pareciera a otro pavo prieto tantísimo como se parecen entre sí dos coreanos. El equivalente occidental de los coreanos son los vascos. La historia de ambos pueblos abunda en profundidad y en singularidades. A nosotros mismos, los que aprendimos de Yota en la península de Samaná el arte difícil y controvertible de la adivinación, nos cuesta un trabajo enorme remontarnos a los orígenes altaicos de la lengua coreana. Nuestro hijo Abel, que enseñó inglés durante tres años y medio cerca de Incheon tampoco lo sabe, y ha respondido siempre con timidez cualquier pregunta nuestra al respecto.
Los arqueólogos y lingüistas que guiados por su entrañable amor a la humanidad ejercen profesiones tan duras y mal remuneradas, han ido a pretender el cargo con evidencias que sindican los orígenes coreanos en las montañas de Altái en el sur central de Siberia. Por darle un poquito más de sustancialidad al parangón vasco, digamos que en el caso de éstos, estudios antropológicos que siguen el rastro histórico dejado por el cromosoma Y, emparentan a vascos, celtas y galeses. Dígase además que en el caso de los vascos se elevan otras hipótesis que van desde las que contemplan la posibilidad de un origen autóctono, que pasan por el vascoiberismo, por las que sustentan un origen caucásico e incluso afro-asiático y hasta fenicio. La última hipótesis la contradigo de manera empírica porque tengo un amigo vasco que de fenicio no tiene un pelo.
El pueblo coreano pues se hace con el palmarés de las raíces más ciertas y unívocas en el concierto de las naciones del mundo. La guerra fría, sin embargo, lo partió en dos mitades desiguales: La del norte con mayor extensión territorial y menor población; y la del sur con menor superficie, el doble de población y una tajada generosa del espléndido mercado de la posguerra para convertirse en potencia económica que contradijera a sus hermanos del norte, y protegida en el terreno militar por los guadarneses infinitos del poderío estadounidense.
El fabuloso resultado obtenido hasta hoy por la economía surcoreana es sólo comparable al error de no revisarlo a la luz del nuevo continente asiático, que durante la pasada guerra fría nunca contuvo a China como segunda potencia económica del mundo. Tampoco contuvo antaño a la poderosa India tecnológica, y poder atomiquito, de hogaño. Ni a Vietnam. Ni a Tailandia. Ni a Indonesia. Ni a un Japón cauteloso ante la agresiva política defensiva de Corea del Norte. Que nada. Que hablamos del único de los cinco continentes habitados que contiene dos de los primeros cuatro PIB mundiales, como lo son por derecho propio el chino y el japonés.
Justo esta semana las autoridades rusas y las japonesas, que azuzadas por los mandatos inapelables de los poderes fácticos mundiales habían estado distanciadas desde la reincorporación en 2014 de Crimea a Rusia, han acordado trabajar juntas para disminuir la amenaza atómica que representa Corea del Norte, cuya política defensiva se enraíza en el pensamiento autóctono transliterado como juche, cuya formulación se le atribuye al presidente Kim Il Sung, abuelo del actual presidente Kim Jong-un, y cuya articulación y puesta en práctica se le atribuye al padre de éste Kim Jong-il. Hay gente que malentiende el juche y lo supone una desviación corrosiva del leninismo. La idea motora del juche estriba en que la mujer y el hombre son los máximos responsables de su destino. Postulado que, dentro de un sistema revolucionario, traslada al pueblo la regencia de su destino y el desarrollo mismo de la revolución. La defensa a rajatabla de la independencia patria a despecho de riesgos y dificultades es dentro del juche premisa innegociable.
De la península de Samaná dicen los más estudiosos que no lo es, sino isla. Lo sería en su momento; pero desde que el pueblo dominicano tiene memoria ha sido península no empece cuán estrecho y frágil pueda ser el istmo que la cose al cuerpo de la isla Española. En el caso de la península de Corea, el istmo es igual a la parte más ancha de ella que incluye los 1,416 kilómetros de frontera con China, y los 19 con Rusia. Si el inmortal humorista español Miguel Gila hubiera tenido que referirse alguna vez a los últimos 19, es muy probable que hubiera dicho: “Poquitos, pero fronterizos”. Y lo diría el genio de Gila porque eso sin duda significa que de las tres superpotencias atómicas con que descuenta hoy la humanidad, dos hacen frontera con Corea. De modo que no es solo la alusión metafórica a su condición de península asiática lo que la convierte en mecha que apagada garantiza la tercera paz mundial, sino también metáfora irónica que alude a la paz que se merece el mundo frente a la tercera y última guerra mundial que la insensatez azuza cada día, y que conforme al juicio esclarecido del papa Francisco, ya está en pie.
Si para los que siempre hacen las cosas por pelotas fuere la paz convencional un sueño de idealistas; que no lo sea nunca por favor la paz atómica. No nos hagamos sin embargo demasiadas ilusiones. Hay todavía en el mundo gente bastante con mucho poder de decisión que actúa en política como si de niños bravucones en un patio de escuela primaria se tratara. Gente con poder para decidir un bombazo que no tiene la más remota idea de la historia de su propio país que lo lanzaría, y mucho menos de la del país ajeno que lo recibiría.
Por lo dicho en el párrafo anterior, si tuviera lugar en Corea del Norte un bombazo atómico de los que Occidente llama preventivos, involucraría en el acto por razones fronterizas a dos de las tres grandes potencias nucleares de hoy, y dado que ese golpe mortal a la paz mundial sólo podría darlo la tercera de las tres preindicadas potencias, involucraría por contagio a la totalidad de ellas en el instante mismo en que ocurriera. ¿Qué podría suceder si China, Rusia y EEUU sobrepasaran los límites de la guerra convencional y recurrieran de manera inevitable a la opción atómica? Bravucones de escuela primaria podrían verse compelidos a decidir en cuestión de minutos y segundos la suerte de la humanidad toda.
En referencia al inicio de las conversaciones ruso-niponas, el periódico Japan Times pone en boca del ministro de exteriores japonés Fumio Kishida: “Tuvimos una conversación muy cándida sobre el misil que lanza el Norte {es decir, Corea del Norte. Nota de quien traduce} y acordamos llamar al país a abstenerse de posteriores provocaciones y cumplir con la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU”.

El primer ministro japonés Shinzo Abe visitará Rusia a finales de abril, y nueva vez en septiembre. Sin que huelgue decir que ambos países mantienen un diferendo relacionado con las islas Kuriles, largo y estrecho archipiélago que con una superficie total de 10,600 kilómetros cuadrados distribuidos entre 56 islas e islotes se extiende como lágrima recién llorada a lo largo de 1,300 kilómetros entre la península rusa de Kamchatka y la isla japonesa de Hokkaido, y las cuales pasaron a control ruso al término de la segunda guerra mundial. No hace falta capacidad analítica para ver en esas islas un tema que aunque importante, en la actualidad es secundario, dentro del teatro asiático relacionado con la tercera paz mundial. 

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