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octubre 21, 2018

ESPERANZA ¿ LUGAR DE LA BATALLA DE LA VEGA REAL ?


Articulo enviado por nuestro colaborador Ing. Cèsar Arturo Abreu
18 de octubre 2018 

Por considerarlo de interés histórico para los veganos, estamos reproduciendo este artículo del historiador santiaguense Edwin Espinal Hernández, publicado en el periódico El Siglo el 26 de febrero del 2000.

HISTORIA→ Una opinión polémica de que la famosa batalla del Santo Cerro haya tenido lugar en el hoy municipio de Esperanza.

En noviembre y diciembre de 1909, el Lic. Apolinar Tejera publicó en la revista Blanco y Negro (números 61 a 64) enjundioso estudio titulado “Rectificaciones históricas –La Cruz del Santo Cerro y la batalla de La Vega Real”, en el cual demostró con contundentes argumentos que:

   a) La batalla de La Vega Real, ocurrida en 1495 entre españoles e indígenas durante la conquista de la isla no tuvo lugar en el Santo Cerro, ubicado en las proximidades de la ciudad de La Vega, dado que la distancia ofrecida por las crónicas como existente entre La Isabela (desde donde partió Colón a enfrentar a los nativos que pretendían libertar al cacique Canoabo, preso en esa ciudad luego de su captura en las montañas de la Maguana por Alonso de Ojeda) y el sitio donde tuvo lugar la batalla, no se corresponde con la que separa dicha ciudad y el Santo Cerro;

b)      Que la confusión proviene de asumir el término de “vega real” dado por Cristóbal Colón al valle o vega que sus ojos admiraron al trasmontar el “paso de los hidalgos” (camino abierto en la Cordillera Septentrional sobre un trillo indígena para permitir el tránsito desde La Isabela hacia el interior de la isla) con el nombre de la fortaleza que el Almirante fundara en la zona oriental de esa “vega real”, o sea, “La Concepción de La Vega Real”, hoy simplemente La Vega;

c)      Que la cruz que se plantó en el Santo Cerro nada tuvo que ver con la susodicha batalla;

d)     Que se tiende a confundir dicha acción de guerra con el intento de los indígenas de derribar aquel madero, produciéndose entonces el milagro de la aparición de la Virgen de las Mercedes, como acotan Antonio de Herrera (Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano), monseñor Meriño (Elementos de geografía física e histórica de la República Dominicana), Roselly de Lorgues, Antonio Sánchez Valverde y Emile Nau (Historia de los caciques de Haití) y;

e)      Que no se conoce con certeza la madera con que se hizo la cruz, señalándose por tradición, que fue de níspero.

La confusión de Delmonte y Tejada.
Conforme Tejera, fue el historiador Antonio Delmonte y Tejada, el primero en referir, sin base alguna, que la citada cruz se colocó en un cerro en términos de la ciudad de La Concepción de la Vega Real en la víspera del encuentro que, todavía hoy, se conoce como “batalla del Santo Cerro”. Tal error lo repitieron sin ahondar en su veracidad, Carlos Nouel (Apuntes para la historia eclesiástica de la arquidiócesis de Santo Domingo) y José Gabriel García (Compendio de la historia de Santo Domingo).

Tejera, en su demoledor trabajo, cita fragmentos de fray  Bartolomé de Las Casas, Gonzalo Fernández de Oviedo, Antonio Herrera, Pierre Francois de Charlevoix, Antonio de Alcedo, M.L. Moreau de Saint Mery y el Conde Roselly de Lorgues; ninguno asevera que la colocación de la cruz del Santo Cerro estuviese ligada con la campaña emprendida por los españoles desde La Isabela hasta “la vega real”, donde sojuzgaron a los indios.

Tejera parte de un texto fundamental, el relato del padre Las Casas, para referir que “esa función de armas” no estuvo “enlazada con la exaltación del cristiano emblema”. Es como sigue: “Teniendo, pues, la gente aparejada, y lo demás para la guerra necesario, el Almirante, llevando consigo a don Bartolomé Colón, su hermano, y el rey Guacanagarí (no pude saber qué gente llevó la guerra, de sus vasallos); en 24 del mes de marzo de 1495. Salió de La Isabela y a dos jornadas pequeñas, que son diez leguas, como se dijo, entró en la Vega, donde la gente se había juntado mucha, y dijeron que creían habían sobre cien mil hombres juntos. Partió la gente que llevaba con su hermano al Adelantado, y dieron con ellos por dos partes, y soltando las ballestas y escopetas y los perros bravísimos y el impetuoso poder de los caballos con sus lanzas, y los peones con sus espadas, así los rompieron como si fueran manada de aves…”

Tejera razona con penetrante logicidad. “Era, pues, materialmente imposible que el Almirante, a las dos jornadas de La Isabela, demorase con su tropa en el Santo Cerro, eminencia que domina la otra banda de La Vega Real, o sea, su parte oriental, formada por la ubérrima hoya del Yuna, puesto que aquella altura dista, por lo menos, unos cien kilómetros de La Isabela. ¿Cómo podía, antes de topar con el enemigo, lo que aconteció a las dos jornadas de La Isabela, colocar una cruz en el Santo Cerro, a regular distancia del campo de batalla, y que le quedaba, a más de esto, detrás de las huestes contrarias?  Difficile est probatu”.

¿Cuál fue el lugar entonces?

Tejera hace constar que Charlevoix indica que el combate fue en las cercanías de Santiago, opinión seguida por Washington Irving y Rodolfo Cronau. Dice que Emile Nau va más lejos, al describir el teatro de la lucha: una vasta llanura, cuya maleza había sido quemada la víspera… Ante esas aseveraciones, Tejera es concluyente: ese punto de la banda occidental de la gran vega real, “o sea, en la gran cuenca del Yaque” (…) “no ha sido designado por la historia de un modo incontestable”.

En verdad, el texto del padre Las Casas no determina un lugar específico: sólo que fue “en la Vega” y que los españoles “dieron en ellos (a los indígenas) por dos partes”.

El Lic. Cayetano Armando Rodríguez, en su Geografía de la isla de Santo Domingo, se aventuró a lanzar esta hipótesis: “…ateniéndonos a la distancia indicada (diez leguas contadas desde La Isabela), hay que suponer que la batalla debió librarse en las cercanías de Esperanza y de la desembocadura del río Mao, o en un lugar no muy distante del que indicamos, pero jamás en el Santo Cerro”.

Tal presunción podría sostenerse por las siguientes razones:
1.      La distancia aproximada entre La Isabela y Esperanza, es coincidencialmente, de aproximadamente diez leguas ó 55.7 kilómetros (una legua es equivalente a 5.572 metros, o sea, 5,572 kilómetros).

2.      Delmonte y Tejada, al describir el lugar, apunta: “Durante la marcha del Almirante por las cercanías de La Isabela, no encontró ninguno de los indios a quienes trataba de castigar; y reconoció cerros bien situados, propios para apalencarse en ellos (de palenque, valla o estacada de madera, EEH), caso de que fuese grande la multitud de los que lo atacasen. Así escogió uno para situar su ejército, y desde luego lo dividió en dos alas, confiando una a su hermano don Bartolomé: la otra la reservó para sí”. Pensamos que, las “dos partes” por la que “dieron” los españoles a los indígenas de las que habla Las Casas son los “dos cerros bien situados” de Delmonte y Tejada.

Y los “dos cerros bien situados” de Delmonte y Tejada bien pudieran ser los que todavía existen precisamente en Esperanza, en un tramo del antiguo camino real de Santiago a Monte Cristo -hoy convertido en carretera- comprendido entre las carreteras Esperanza-autopista Duarte y Cruce de Guayacanes-Boca de Mao.

Una vista de reconocimiento.
El 21 de enero de este año (2000, nota de la redacción), en campaña del Dr. Fernández Bisonó, profundo estudioso de los caminos indohispánicos y del periodista Francisco Rodríguez, presidente de la seccional del Colegio Dominicano de Periodistas en la ciudad de Mao, visitamos el lugar referido.

Los cerros, uno más alto que otro y orientados transversalmente de norte a sur sobre la carretera indicada, se encuentran ubicados en La Huasimita, Batey Uno de Esperanza y son las elevaciones más altas de una cadena de estribaciones que arrancan en Barrancón, Navarrete, también sobre el camino real de Santiago as Monte Cristo.

Estas eminencias están pobladas de cactus, guatapanal, aromas, oreganillo y cambrones y están rodeadas de siembra de guandules, plátanos, yuca, tomate, lechosa y tierras dedicadas al pastoreo del ganado vacuno. El más alto de ellos aparece cortado en su centro por la extracción de materiales y actualmente está siendo reducido en su extremo sur con los mismos fines.

Parafraseando a Delmonte y Tejada, estos dos cerros se encuentran “bien situados” donde, desde el más alto de ellos se logra una visual de 360 grados de la “vega real” (además, se domina desde diversos lugares en la zona) y ambos tienen al este, llanos cultivados y la ciudad de Esperanza; al oeste, una vasta planicie; al sur, el río Yaque, estribaciones montañosas y como fondo la Cordillera Central; y al norte, en la Cordillera Septentrional, la garganta entre las montañas por la que se abre la carretera El Mamey-El Castillo, que es lo mismo decir El Paso de los Hidalgos, el camino por donde bajaron los españoles a la vega para batirse con los indios y detener su avance hacia La Isabela

Conclusión.
Apolinar Tejera descarta de plano a Delmonte y Tejada, por confundir el altozano “bien situado” que escogió el Almirante para acampar al momento de la batalla de la Vega Real con el Santo Cerro cercano a la ciudad de La Concepción, donde plantó una cruz. Sin embargo, no refuta la referencia de los “dos cerros bien situados” como probado punto de encuentro bélico.

Diez leguas hay aproximadamente entre La Isabela y Esperanza. Dos “cerros bien situados” existen en La Huasimita, Batey Uno de Esperanza ¿no serían los ejes de aquella famosa batalla?  





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