lunes, 21 de septiembre de 2015

Rumbo a Boston … Sudando la Gota Gorda

Primera parte
Escrito por Vanessa Rodríguez Messina    -  15 de Septiembre del 2015
Mi prima Soraya y yo recibimos una invitación para visitar a una pareja de esposo que viven en el Estado de Massachusetts y como estaba de vacaciones en Nueva York, la oportunidad nos pareció ideal para ir a conocer Boston y Salem, la ciudad donde ellos residen.

20150905_102650 Ese lunes era Labor Day –Día del Trabajo- un fin de semana largo para los norteamericanos, por lo que consideramos IMG-20150905-WA0004que teníamos que hacer las reservaciones de la guagua con tiempo porque habría muchos viajeros. Luego de revisar todas las ofertas y siendo ya casi la media noche, mi prima me apuró para que comprara los tickets rápidamente porque nos íbamos a quedar sin asientos y así lo hice a través de la computadora. En la mañana ella imprimiría las reservaciones en su oficina.

Preparamos nuestros motetes y el viernes temprano llegamos a Port Authority en la calle 42. Allí uscamos el “gate” de  la salida del autobús y nos pusimos en la cola de la fila. Una morena empezó anunciar que había un retraso en los horarios y que revisaran el número de sus asientos para de esa manera ubicar algunos pasajeros en las guaguas que tenían asientos disponibles. Ahí nos dimos cuenta que solo teníamos impresa la hoja de la reservación, por lo que tuvimos que buscar una máquina para imprimir los boletos.

Cuando al fin llegamos a la maquinita y pusimos el número de la reservación, nos daba un error, por lo que un empleado nos dijo que teníamos que ir a otra máquina, eso significaba más fila. Allí obtuvimos los “boarding bus” y regresamos a nuestra fila inicial.

Como todavía seguía el retraso en la partida, y nuestros asientos eran de las filas primeras, nos indicaron que podríamos subir al autobús que iba a partir en ese momento y decidimos abordarlo.
Desde que salimos dos señora mayores, empezaron a quejarse del aire acondicionado, diciendo que no estaba enfriando, a lo que el chofer contestó que no se preocuparan, que cuando cogiéramos la carretera la temperatura mejoraría.

¡ Que va!! Fue todo lo contrario, por lo que nos detuvimos en un lateral de la carretera y el chofer abrió los ventiladores del techo de la guagua y preguntó que si queríamos seguir o devolvernos a la estación para cambiar de vehículo. La respuesta colectiva fue seguir. Tremendo error.
La temperatura se fue calentando, el sol entraba por los vidrios y no había nada para impedirlo, así que tomé una pashmina que tenía en la cartera y 20150905_103140la coloqué de cortina. La gente empezó a buscar aire en los pasillos. Sentía el sudor en mi espalda y nos tomamos las dos botellitas de aguas que teníamos.

Si el grupo lo estaba pasando mal, el chofer mucho peor, no le llegaba aire por ninguna parte. Se frotaba la cabeza, se desabrochó la camisa, hasta que se desvió y anunció que aún en contra de las reglas de la compañía, iba hacer una parada en un McDonald porque no aguantaba el dolor de cabeza y necesitaba coger un poco de respiro.

20150905_103157Luego de 15 minutos en el restaurante, hacer pipí, comprar más agua, nos subimos de nuevo al horno que nos esperaba y proseguimos nuestro agitado viaje, esta vez todavía con más calor, porque ya era mediodía y el sol estaba que pitaba. El vidrio de las ventanas ardiendo, el aire caliente, el chofer seguía arrascándose la cabeza, el vaporizo nos mantenía a todos incómodos.

Con el “desgreñe” que teníamos y el sofocante calor en el ambiente, empezamos en medio de risa a “extrañar” las guaguas dominicanas, que por lo menos las ventanas se pueden bajar, las distancias no son tan lejanas y en cada parada se suben los vendedores a ofrecer dulces y agua fria. Los otros pasajeros nos miraban con extrañeza, porque la situación no era para eso y una señora que hablaba Español también empezó a reír con nuestras ocurrencias, la miré y le dije eso es para que vea que no solo en nuestros países es que se suda la gota gorda.

Pero eso no fue todo, al revisar los “boarding bus” nos dimos cuenta que me había equivocado en la hora del regreso y en vez de ser a la una de la tarde como pensábamos, era a la una de la madrugada …. Pero eso ya será otra historia.













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