sábado, 21 de abril de 2007

Tengo Amores con La Vega

Carteret, New Jersey. (Atanay.com)
Con este titulo, no ha sido mi intención, a pesar de su metafórica apariencia, en poner a mis amigos veganos ó no veganos, a bailar con el merengue “Tengo Amores, Tengo Amores con Loreta- mi Corazón, mi Bienestar yo se lo dí.” Pero ya que de merengue se trata, debo confesar que aunque Juan Bosch decía que “ El Guirero no es músico”, siempre he sido un fanático de este instrumento, que a pesar de aparentar que tiene salpullido, cuando la cosa se pone mala, como siempre está, sirve hasta para guayar coco.
Otro de mis instrumentos criollos favoritos, es la Marimba, ya que además de tener no más de tres ó cuatro notas, es el único instrumento que le garantiza al músico, tocar senta’o.
Como me dió por escribir de mi pueblo? Un Domingo en la tarde del 2005, los Licenciados Ariosto Montesano y Hugo Estrella conducían a travéz de VEGATVE un programa que de inmediato se tornó, estrictamente deportivo, llamado ”Voleibol en La Plazoleta”, donde se mencionaron nombres , anecdotas y cosas, dignas de recordar. Fuí tan inpactado y contagiado por el tema, que parece que un Angel me tocó con una varita mágica por la cabeza, como diciéndome: “Cuenta algo tú también”, desde entonces, escribiendo con dos dedos de mecanógrafo frustrado, no puedo parar.Pero siento que Mamá desde la Gloria me está mirando, y diciendo, como en vida me hubiera dicho en broma “Vaya Escritor del Campo”
Hipismo en La Vega. En la resplandeciente época del hipismo dominicano, a La Vega le tocó por lo menos una pequeña porción de la torta del exito, que prometía el resurgente deporte de las cuatro patas. No está demás decir, que la mayoría de la herraduras que usaban los caballos de La Vega, eran fabricadas en la herrería que operaba mi Papá en el patio de la casa.Además de las herraduras, se limpiaban sombreros (estaban de moda entonces) y se fabricaban cajas de muertos.En ocaciones se fabricaban las cajas con tanta urgencia, que muchas veces se enterraba el muerto, antes de secarse la pintura.
Se puede decir que Papá era un perfecto polifacético, ya que por su experiencia con los caballos, era también “Juez de Pista” en las carreras.Entre los clients que nos traían sus caballos estaban, el fenecido Presidente Antonio Guzmán, un señor de nombre Pedrito Candelier, Toñito Valela y si no me equivoco, también el recordado hacendado Juancito Rodríguez.
En una ocación, le traen a Papá, este rabioso caballo, que venía pataleando casi sin dejarse amarrar. Papá, un tipo visiblemnte nervioso, trata de calmarlo sin exito ninguno. Sin más tiempo que perder, agarra Papá un marrón (martillo bolo y pesado) y le asesta este marronazo por el pezcuezo, callendo el cuadrúpedo patas arriba,como anesteciado.Pasó un largo rato, le limpiaron las pezuñas, le pusieron sus cuatro herraduras, y llegando el dueño a la puerta del patio a buscar su caballo, este despertó y se paró, fresquesito como si nada hubiera pasado.Si alguien tiene un caballo desnucado, que levante la mano.
La historia de Magda y Cuncún. El hacendado Mon Robiou, en su hacienda del Hatico, era el dedicado y orgulloso propietario de los dos caballos mas famosos del Cibao. Magda: hermosa yegua de “Paso Fino”, color melada clara, era tocaya de su hija mayor, ya que ambas llevaban el mismo nombre.Nunca la vimos perder en su categoría de paso fino, llegando a competir con significante exito en Puerto Rico, que es la cuna del Paso Fino, en latinoamerica.
Cuncún: Blanco caballo de carrera-hermoso y corpulento- tuvo un exito limitado, ya que su tamaño y peso, le impidían figurar entre los mejores. Como los protagonistas de esta historia compartían el mismo establo, parece ser que a menudo Magda rechazaba los gestos y avances amorosos de Cuncún, hasta que un día este algo incómodo, propinó a su amada un par de certeras patadas, terminando así, con su vida y prometedora carrera. Su dueño, enfadado y triste por el fatal desenlace, puso también fin a la vida de su amado caballo blanco. Mon, había importado de Santiago, a un joven brillante jockey llamado Agustin, quien seguido se convirtió en verdadero héroe para los veganos amantes del hipismo, y en la version cibaeña del famoso jockey norteamericano Eddie Arcaro
Cosas de mi barrio. La Plazoleta era para nosotros “El Centro del Universo”, tanto así que hasta no ir a la tanda ó al matiné, o talvéz ver un noticiero de la Segunda Guerra Mundial, sobre la guaguita de la Bayer, nos parecía que no existía más nada en el planeta.Las memorias de este pedacito de tierra- exclusivamente donado a nosotros por Dios, no suelen borrarse ni que se estrieguen con un Musú y Jabón de Cuava.
En la esquina frente a la Casa Azul, estaba el puesto de frio-frio de Josesito y Santo Padilla, a quién nadie recuerda haber visto sin beber, muriéndo bajo una pirámide de Júmos, ya que nunca se pudo sanar de uno, ignorando así lo que pudiera ser una resaca.A la venta tenían también barquillas, que dando vueltas a una ruletica, (una tablita redonda, llena de clavitos) por el pago de una , podia ganar otra.Nuestros dos personajes, ya que no existían todavía Las Aguilas Cibaeñas,usaban unas gorras de fundas de papel, cortesía de La Casa Azul.
El Parquesito Hostos, tenía también sus atractivos y personalidades. Recuerdo unos bancos de cemento rosado, en casi la total circumsferencia del parque.En una época que nadie tenía nevera, la fábrica de hielo, suplía y mitigaba el calor del pueblo.Era el sitio ideal y donde se instalaban los caballitos de Monclús, además de celebrarse los primeros mítines politicos en contra de la tiranía.
Sonsón Lara, flamante admirador de la farándula extranjera, lograba traernos a La Vega, a figuras internacionales de todo tipo, cosa que ningún magnate ó promotor podía lograr.Talvéz por encontrarse el arte como un monopolio en manos muy poderosas, no pudo nuestro personaje, con su inmensa charisma, convertirse en un Gaspar Pumarejo, ó un Barnum & Bailey dominicano.Me gustaría algún día saber si esos globos en colores que colgaban en el balcón de arriba, eran higueros pintados….tengo 60 años haciendome esa pregunta.
Lo confieso 60 años después. Una gran mayoría de las familias de Jarabacoa, eran familiares ceracanos, sinó personas muy queridas y cercanas a Mamá y Papá. Cuando solían bajar a La Vega a ver el médico ó sacarse una muela, en mi casa se hospedaban, y se les brindaba la mejor atención posible, una cosa más bién recíproca, ya que cuando íbamos nosostros a Jarabacoa, nos sentíamos como en nuestra casa, y gozábamos de mucho más abundancia, sea por su variada agricultura, y la hospitalidad.que nos arropaba.
La única dificultad que experimentabamos era, que casi siempre venía más de una persona, y el número de camas que había era limitado;si mal no recuerdo, creo que había que arreglarle sus camas en el suelo, cosa que parece no le molestaba, ya que nunca dejaron de visitarnos.Para suerte de ellos, nunca les tocó dormir en casa de mi abuela, donde sólo habían “catres” cuyo forro de tela “fuerte azul” estaba pegado con almidón..Si el forro no se despegaba a media noche, se corría el riesgo de que el catre se cerrara y quedara el huesped en el suelo,envuelto como una momia.
Aquí mi confesión: quien escribe, entonces un chiquillo de siete ó ocho años, disfrutaba de la visita, a la vez que hacía de limpiabotas, solo con la illusion de ganar unos cheles para ir a la tanda el domingo. Hasta no ponerme a hacer chichiguas para vender, nunca tenía ni una mota con que comprar liquido de limpiar zapatos. Pero me la tuve que ingeniar, para no perder y complacer la clientela.La solución fué: mezclar agua con borra de café-suerte que con un poquito de pasta los zapatos cojían brillo. Nunca lo veía tan malo…y ellos jamás supieron lo que pasaba.”Nunca es tarde para arrepentirse” Estas familias ya no bajan a La Vega, se extinguieron todas.Solo quedan vivientes e inborrables recuerdos, como las incansables y perennes aguas del Salto de Jimenoa. chiconino@msn.com

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