martes, 1 de septiembre de 2015

VENCIENDO LA TORMENTA ERICKA

Escrito por Vanessa Rodríguez Messina, especial para El Buquicito, desde NY
31 de agosto del 2015


Desde hace meses veníamos  planificando un viaje a NY a la segunda reunión del Grupo de Becarios del PTTT, un programa de la Agencia para el Desarrollo –AID-, FUNDAPEC y el ICDA,  que  hace 28 años tuvimos el privilegio de trabajar.
En diciembre del 2014 realizamos un encuentro en RD y como hay becarios residiendo en otros países, muchos de ellos en USA  se planificó un segundo encuentro en Nueva York para para el  28 de agosto del 2015.

Volando por encima de Ericka
Así que planifiqué mis vacaciones para coordinar la fecha con la actividad y estar presente junto a Sandy Santana, una  gringa que también trabajó en el programa y otra amiga con sus nietas.

En casa até todos los cabos de la oficina y de mi casa; hice compras,    pagos, comida de las perras, etc.  Arreglé con tiempo mi ropa y maleta para no dejar nada de último minuto.

Ahh, pero no contaba con Danny, ni con Ericka, dos tormentas que vinieron a traer preocupación a mi mente, no porque le tuviera miedo a los aviones, sino porque como mi reservación era un día antes del evento, y cualquier retraso o cancelación por culpa del mal tiempo iba a echar por tierra los planes de tantos meses y no solo mio, sino de parte de otros viajeros del grupo .

Como la sequía azota la Isla, dentro del sustito por Ericka, estaba el deseo – al igual que el de todos los dominicanos- de que la lluvia trajera suficiente agua para llenar las presas, humedecer la tierra y calmar el calor.  

Con Danny, la cosa no fue preocupante, pero cuando vi la trayectoria de Ericka me puse “chiva” porque justamente estaba supuesta a pasar por SD a la hora que el avión salía hacia “los países”.

Fui al  super hacer unas compras de último momento  y estaba “timbí” de gente preparándose para la tormenta, las filas larguísimas y las cajeras malhumoradas por el tumulto.  Ni carritos había disponible.  Afuera el cielo encapotado y una brisita huracanada auguraba mucha lluvia.

En el salón de belleza las muchachas se fueron temprano y escuché por la TV que el Ministerio de Educación había suspendido la docencia para el viernes . 

Durante toda la noche estuve pendiente del cielo y la brisa.  Al despertar lo primero que hice fue chequear las noticias y averiguar el status de Ericka.  Amaneció nublado y lloviznando.  Yo no estaba tan segura de que podría viajar. 
Recibo una llamada de la gringa preguntándome en qué estaba el viaje, que ella estaba considerando quedarse, que no se iba arriesgar en un avión con ese mal tiempo.  Que llamaba a la aerolína  y no obtenía respuesta. La calmé como pude, porque también me sentía ansiosa y estaba pensando en un “plan B y el C” en caso de suspensión o retraso con el vuelo.

Me dije - “ningún piloto va arriesgar su vida, si no cancelan es porque no hay peligro” -, -“voy a dejar en mano de Dios la situación y que se haga su voluntad”-.  Agarré mi maleta y cuando fui por la gringa, estaba asustada pero se decidió a  ir.  Ya mi otra amiga estaba en el aeropuerto esperando por nosotras.

Para colmos cuando íbamos en la “pista”, mi hija me llamó   y me informó que debido la tormenta  en su oficina despacharían al mediodía que si suspendían el vuelo ella nos iba a buscar de vuelta.  
     
En el  counter pregunté si había retrasos y nos explicaron que no, que de hecho ya casi estaba aterrizando el vuelo que venía desde Nueva York.

Nos chequeamos y en el gate de espera , vimos que todo el movimiento en el aeropuerto seguían saliendo aviones.  Afuera llovía y escampaba, hacía brisa, salía el sol, las nubes cargadas y nuestra pregunta era si íbamos o no a salir, pero puntualmente anunciaron que podíamos abordar.

Ya dentro del avión no lo creíamos, afuera llovía y nos preparábamos mentalmente para  las turbulencias.  Entonces se me ocurrió preguntar a una de las azafatas cómo había sido el viaje hacia SD y nos dijo - “ se sintió un poco al llegar, pero, nuestros pilotos saben lo que hacen”- , fue como una respuesta de Dios hacia mi conclusión mental de que los pilotos no pondrían en riesgos su vida ni las nuestras, que estuviera tranquila.

Fue un viaje estupendo. Sobrevolamos a Ericka y ni cuenta nos dimos. A la media hora de estar en el aire vimos que el sol entraba a raudales por las ventanillas, sonreí para mis adentros, di gracias a Dios, me acurruqué en mi asiento y dormí hasta aterrizar.

www.buquicito.com
 

Viernes 28 de agosto del 2015

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